Polvos de colores para sanar, reencontrarse y ayudar

Nitza no es maquilladora, pero como Dora la Exploradora, se metió de lleno en el mundo de los colores y sus infinitas posibilidades asociadas a verse y valorarse, quemando etapas propias para ayudarse y lograr que otras pasen desde el si-bien al incandescente hola-hola de tonos radiantes. Un descubrimiento al que llegó después de rodar por el suelo, sacudirse y levantarse para mandar sus miedos y temores a la mismísima mierda con la mismísima fuerza del sol.


Gonzalo Artal Hahn

El día que Nitza Melitza perdió a su padre sintió casi de inmediato que su estructura de vida se iba condenadamente y con rumbo fijo a las pailas. Pero cuando todo era nostalgia, sollozos y abismo, logró aferrarse al baile y acceder a un mundo de colores que, literalmente, la tienen pintando y combinando tonos de luz para conseguir que a ningún otro ser humano lo invada esa maldita sensación de mierda que suele conocerse como desazón.

O desesperanza, desamor y todos esos des-algo que suelen jodernos la pita y la existencia si no se les pone un buen paralé.

“Maquillarse nace como una búsqueda que, en mi caso en particular, sirvió para trabajar mi autoestima”, cuenta de buenas a primeras la representante del clan Marchant Miranda, periodista de profesión y busquilla de corazón, quien por estos días imparte clases gratuitas de cómo decorar la piel y resaltar otras partes visibles del cuerpo a través de su Instagram @nitzastyle.

-¿Cómo es la cosa?

“Bueno, me junto con mujeres de diversas edades a quienes les enseño técnicas de maquillaje, para que ellas, de acuerdo a lo que tengan en casa, puedan aplicar estos secretitos con los colores que a ellas más les gusten. Porque al final, esta cuestión es mucho de experimentar. Hay mucho ensayo y error”.

-Si no gusta, delete y el botón Esc.

“Sííí, muchas veces se mezclan colores y es un desastre, pues sale un gris horrible. Ahí aplica el ‘saca todo’. Lo que pasa, es que no soy maquillista profesional, sino más bien una autodidacta que ha tomado una buena cantidad de cursos y enseña esas tendencias a otras, como lo que tiene que ver con los maquillajes de carnaval, full color y cortes en los párpados, ya que muy poca gente se maquilla de esa forma. Pero si lo haces bien, lo puedes usar para fiestas o incluso para el día a día”.

-Ya. Y detrás de la pantalla ¿Cada una con su espejo?

“Claro, ellas en sus casas con sus espejos, luces o aros de luz, como lo hago yo acá en mi sala especial, donde me siento en mi computador y tengo todos mis implementos para trabajar la piel, las sombras y lo que las chicas deseen, pues primero las hago elegir y después les presento varias opciones”.

-Según lo que tengan en los cosmetiqueros, también ¿No?

“Eso, la idea es que siempre puedan participar y se olviden del no tengo. O del sabís que me falta una brocha, así que me resto. No poh, con lo que tengan en casa les voy a enseñar cómo puede adaptarlas y así no se queden atrás, para que, en definitiva, nadie deje de participar”.

-Oye, y no te han tocado bravucones que al ver las fotos salten con su clásico…

“¿Ridícula?”

-¿¡Ya te tocó!?

“Mira, afortunadamente hasta ahora no he tenido haters, por lo menos en mis redes sociales, pero si me llegase a ocurrir yo creo que mi vuelta en la vida ha sido mucho más profunda que un comentario. Más a esta altura del partido en la que ya toqué fondo y volví, así que un comentario de alguien que lo hace desde, quizás dónde, sin pensar, no va a lograr lastimarme, pues tengo la fortaleza suficiente para seguir adelante”.

-Trazo firme. ¿Eh?

“Es que además lo que se provoca con esto del maquillaje y la interacción es tan bueno, es tan positivo, que supera cualquier comentario que no son ningún aporte. Así que a ignorar y seguir adelante, pues el propósito es más importante”.

-¿Y cuál sería ese propósito?

“Mira, yo he hecho muchas cosas asociadas a los procesos creativos a lo largo de mi vida, por lo que me siento un poco artista. Y debe ser porque siempre estoy en una constante búsqueda, pero me he detenido aquí en el maquillaje porque esto es lo que me ha permitido sanar y reencontrarme conmigo misma. Y si está en mí poder ayudar a otras personas que de repente se miran al espejo y no se sienten bien. Y no se valoran. Y se sienten poca cosa, porque en algún momento de la vida alguien les dijo que no tenían valor, genial”.

-Suena bacán.

“Y lo es, porque todas estas cosas de las que te hablo me entristecen mucho, porque a mí me pasó. Entonces yo me siento, les comento, les explico y cuando terminamos les pido que se den cuenta que son preciosas, con o sin maquillaje”.



Pura retribución

La madre de dos nenas adolescentes explica que llegó a dominar el arte de delinear y espolvorear tras chocar una y otra vez con el bombardeo de paletas y secuencias publicitarias con gente que, de seguro, nunca vivió en Juan Martínez, Décimo Oriente o en Los Pinquillos con Las Cacharpallas. 

“La estética de la belleza está asociada a la mujer delgada, alta, rubia y de piel perfecta, pero resulta que la mayoría de nosotras no somos así. Al menos yo no era parte de ese grupo. Entonces, uno llegaba a distintos lugares y al tratar de buscar algo nunca te sentías cómoda contigo misma. Hasta que, de repente, encontré en el maquillaje una opción de encontrarme con mi belleza externa, por decirlo de alguna manera. Y ahí empecé a trabajar mi amor propio”.

-¿Y con que se topó? ¿Qué redescubrió?

“No sé. Desde decir sí, mira, tengo bonitos los ojos ¿Ah? ¿Cachai? Y reconocer que si hacía algo determinado me empezaba a ver bien. Empezar a mirarme en el espejo, reconocerme y sentirme mejor conmigo misma”.

¿Y cómo cachó que eso le podía interesar a otras?

“Es que subía mis fotos y aparecían varios oh, enséñame. Cuéntame cómo lo hacís. Y les decía hagámoslo, juntémonos, pero nunca se daba, hasta que un día le puse fecha y hora y me encontré con ocho mujeres conectadas. Así que trabajamos por tres horas y se fueron felices. Se tomaban fotos, provocándose una energía positiva que se ha ido repitiendo”.

-¿Y por qué se da aquello? ¿Sabe?

“Me imagino porque la flaca se da cuenta que tiene trancas igual que la gorda, la chica y la alta. Y aquí se comparten tips y experiencias de vida. Es que igual las mujeres, de repente, somos medias toxic entre nosotras y como que no entendemos que cuando entregamos luz, no solo ayudamos a otra persona a brillar, sino que nosotras brillamos más. Al menos yo estoy súper convencida de eso, pues estoy en ese proceso de entregar energía para que la gente se sienta bien, lo que también me hace bien a mí. Así que estoy súper contenta”.

-Los pedidos de provincia van al alza entonces.

“Al principio me comunicaba con gente de un mi círculo de amistades, pero ahora llegan solicitudes de gente que no conozco y estoy más contenta. Tenía algo así como 100 seguidores y en estos últimos seis meses que hemos sacado las clases de maquillaje ya somos más de 500 y me he contactado con chicas de Antofagasta, Rancagua, Iquique y Alto Hospicio que han tomado estas clases conmigo”.

-Prepárese para la demanda. De nuevas cosas si ii.

“Sí, jajaja. Desde un principio me inscribí en cursos internacionales, mirando lo que hacían en Bolivia, en Lima, Perú y en Arica, donde hay una maquilladora genial llamada Cata Belén. Y la verdad es que siempre ando buscando cosas diferentes, trabajando el tema de las pieles maduras, por ejemplo, que es distinto a maquillarse cuando eres más joven”.

-Bien dicho, buen nicho.

“Lo que pasa es que gran parte de los tutoriales de los youtuber que hay y que se dedican a esta cuestión son gente joven ¿Cachai? Entonces como que mi grupo de 45 años para arriba hay poca gente que se atreve a mostrarse. Más si se es común como yo, un poco gordita, pequeña, chica y de piel madura”.

-Es buen negocio igual.

“Demás, pero yo no lo hago por una cuestión de que más adelante voy a vender productos o porque pretenda sacar una línea propia. No, esto partió porque para mí fue un renacer y quiero devolver esto mismo a las mujeres que quizá están pasándola mal, que están deprimidas en sus casas porque están encerradas por esta cuestión de la pandemia o para aquellas que se sienten feas, que han engordado y un montón de cosas, porque claro, alguien podrá decir esto es súper superficial, pero no lo es”.

-Igual hay una inversión. ¿No?

“Ah sí poh, pero yo por ahí puedo pagarle a una persona para que me enseñe, pero a la señora de la esquina quizá no le resulte tan fácil reunir los 60 mil pesos que cuesta un curso, entonces, si ella lo está pasando mal en su casa y yo le puedo aportar en algo, basta que se enlace conmigo y le enseño y entrego mi cariño y amor a través de la pantalla. Al final, siento que me retribuye más a mí que a ellas”.



Universo paralelo

Nitza advierte que esta actividad ligada al refuerzo positivo que se ha dado con adultas, pero que no descarta extender a niñas y un público más juvenil, la realiza de manera extra laboral. Es decir, fuera de los horarios de su pega habitual como licenciada en ciencias sociales.

“Desde hace 11 años pertenezco a una tremenda institución como es el Servicio Agrícola Ganadero, SAG, institución de la que estoy enamorada profundamente, más que nada, por la labor y el compromiso que tiene con el país”.

-¿Y cómo pasó de los animalejos a este otro mundo?

“Ya. Lo que pasa es que, en esa búsqueda de reconectarse con la felicidad, de rearmarse y reconstruirse después de la pérdida de mi papá, que fue una partida muy trágica que me generó un quiebre emocional importante, me encontré en algún momento con ganas de bailar Tinkus”.

-Yaaaaaa.

“Jajaja. Recuerdo que estaba en Arica mirando el Carnaval del Sol y dije: yo el próximo año tengo que estar aquí. Yo voy a bailar Tinkus”.

-¿Y se apuntó de una?

“Sí, me metí a la fraternidad Wayra Masis en el 2019 y este año bailé en el Carnaval con mi hija mayor Valentina”.

-Esa onda. ¡¿Ahí estalló la paleta cromática?!

“Así no más. Pasa que cuando estás en estas fraternidades aprendes también de su cosmovisión andina y de lo que significa sus símbolos, sus atuendos y lo místico que se crea alrededor de lo que es vestirse de colores, porque, en definitiva, vamos a una gran fiesta. Y es a partir de ahí que empecé a meterme y a trabajar en este tema de los colores y me puse a investigarlos y entender de qué se trataban sus usos, como en el maquillaje y el full color”.

-Sorry, pero ¿el Tinkus no lleva cornetes?

“El Tinkus es la danza del encuentro y del combate y sí le lleva sus buenas peleas. Yo también tuve la mía y rodé por el suelo. La Fraternidad Wayra Masis nace en Iquique hace ya dos años y hoy tiene filiales en Alto Hospicio, Antofagasta, Madrid y Valencia en España. Es una agrupación bien potente dentro de la región, con campeonatos a su haber y por lo mismo su estilo de baile es fuertísimo. La verdad es que yo llegué ahí y la sufrí, la padecí, la lloré y me enojé, pero debo decir que finalmente me integré a una gran familia”.

-Hubo contención ahí.

“O sea los Tinkus Waira Masis son mi familia, la que me ha acogido como hija, pues cuando yo me caí y no podía seguir, siempre tuve a alguien atrás diciéndome tú puedes. Vamos, te agarro, gira, date vuelta y sigue”.

-¿En lo anímico y a la hora de completar el circuito?

“Así es. Y no me importó que me retaran, porque detrás de eso, había un “vamos tú puedes” y siempre un grupo humano apoyando. Y a pesar de ser chica y gordita, logré hacer todo el circuito gracias al apoyo de mis compañeros y a mi propia perseverancia, porque tenía un sueño. Y mi sueño era vestirme de colores y cruzar el umbral Con la Fuerza del Sol. ¡Y lo logré!.

-Santos protones. Me saco el sombrero con plumas.

“Jajaja. Bailé más de tres horas la primera jornada.mY cuando terminé, todos mis compañeros me felicitaron porque lo había logrado. Iba casi en la última fila, se me olvidaban los pasos, pero el apoyo de mi familia que me acompañó en todo el recorrido y el orgullo de ver a mi hija danzando con la Whipala fue más grande, más importante que el agotamiento físico”.

-Me imagino que es algo que no imaginaste nunca.

“Nunca, menos a esta edad. Yo de verdad le doy gracias a la agrupación porque de su mano volví a vivir y a ser feliz. Y este mundo de colores es el que justamente me llevó al mundo del maquillaje, por lo que estoy tan agradecida de este proceso de sanación interna que tengo una necesidad tan grande dentro de mi corazón de devolverla. Así que me seguiré juntando con todas las chicas que deseen aprender y seguir en este plan de retribución”.



El ex dato rosa

La periodista que trabajó un buen tiempo en el extinto Diario El Nortino de Iquique, cuenta que las ciudades tienen colores distintivos que cambian con las fechas emblemáticas.

“Las ciudades se visten de colores. Lo vemos todos a años. Es propio de su cultura, de nuestras fiestas religiosas, porque es común ver para agosto como aparecen el rojo y el amarillo. Es parte de nuestra identidad, porque somos aymarás”.

-Iquique también aporta mucho café en julio.

“Claro, así como Iquique es celeste todo el rato”.

-¿Y sus colores favoritos?

“El fucsia y el verde”.

-¿Y pueden ir juntos?

“Pueden, porque hoy en día el maquillaje rompe todo lo que antes se entendía por colometría, donde los cálidos no se mezclaban con los fríos. Hoy no, hoy se mezclan, aunque lo importante es saber trabajar transiciones, para que no se genere un color intermedio indeseado”.

-Saonda.

“Esto me hace muy feliz”.


¿Le gustó? Comparta.




te teré es una onomatopeya​, una imitación lingüística del sonido con el que comienza Cariñito, el temón de Rosado/Los Hijos del Sol que tras servir de inspiración para alentar a un equipo y crear una revista, mutó hasta convertirse en una web que tiene casi el mismo fin. Es que ahora, además de ofrendar información sobre pelotas, dragones y lo qué sucede en los rincones de Iquique, incorpora sugerencias acerca de quienes podrían ayudarlo a hacer lo que tiene pensado hacer en la capital de la región de Tarapacá.





teteré.cl © 2021
Todos los derechos reservados.