Manu Ginobili hace triples en Iquique

Por Bernardo Guerrero Jiménez

Un tío lejano le contaba del mundial de Básquetbol del año 1950. Y no solo hablaba bien de los campeones, los argentinos, sino que también de los chilenos. Le llamó la atención, entre otros, la figura alta y con un muy bien cuidado bigote, cuyo nombre era Juan José Gallo. Y otro, muy joven aún, un pivote de nombre Ostoic. Pero lo que más le atrajo era que ambos eran de una ciudad que estaba entre el mar y el desierto.  Un puerto con nombre extraño: Iquique. Le parecía, vaya a saber por qué, muy familiar y similar a su natal y querida Bahía Blanca. Y Manu decidió visitar esa ciudad.

Cuando llegó a Iquique preguntó por un club de básquetbol. Y casi como consenso le nombraron La Cruz. Tomó un remise, que para el caso nuestro es un colectivo, que lo dejó en la plaza Arica. Le sobresaltó lo árido del paisaje y la cercanía tanto con el cerro como con el mar. Sintió los golpes de los balones sobre el duro y encendido asfalto. Y se le abrió el apetito. Vio una cancha que le recordó a la de su infancia. Miró detrás de las rejas como niños y niñas corrían ordenadamente tras el balón. Y gritos: Pantalla, pase al pecho, quiebre, cabeza arriba, bandeja con la mano izquierda, no la baje, use el cuerpo. No aguantó y se metió a la cancha. El viejo Manuel lo recibió con una sonrisa. Hablaron. Manu, tomó el balón y no solo hizo una bandeja sino que la clavó. No solo tiró desde fuera, hizo triples. No sólo amenazó con convertir con la mano izquierda, sino que en el aire la cambió, a la derecha. Nunca se había visto algo parecido a eso.

En la noche jugaban los adultos. El viejo Manuel hizo todo lo que hay que hacer. Consiguió carné, camiseta y pantalones a la medida. Esta noche se jugaba con el eterno rival. Nadie lo podía creer. El Loco Mery se hizo famoso con las asistencias del Manu. El Loco Guayo, pensó en irse a la banca. El Loco Miguel, penetraba por el medio. El Ñaja hizo todo los cestos desde la esquina. El Fioca hizo el trabajo sucio. La barra cantaba y coreaba el nombre de Manu. Esa noche fue una noche de boda. La luna fue luna de miel.


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te teré es una onomatopeya​, una imitación lingüística del sonido con el que comienza Cariñito, el temón de Rosado/Los Hijos del Sol que tras servir de inspiración para alentar a un equipo y crear una revista, mutó hasta convertirse en una web que tiene casi el mismo fin. Es que ahora, además de ofrendar información sobre pelotas, dragones y lo qué sucede en los rincones de Iquique, incorpora sugerencias acerca de quienes podrían ayudarlo a hacer lo que tiene pensado hacer en la capital de la región de Tarapacá.





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