El pago de Chile


Por Mauricio Villafaña Muñoz / Periodista

En un camarín de Chile Films le escuché decir a Esteban Paredes que el club de su vida era el Chago. Había jugado y brillado ahí y también visto retardada su explosión por líos con la propiedad de su pase. Un enredo indescifrable, de esos que uno piensa solo se dan en el fútbol paraguayo.

Con el tiempo, y ya transformado en un ídolo más bien tardío, supe de sus afectos intensos hacia Colo Colo. Histórico goleador. El albo era Esteban Efraín Paredes y viceversa. Qué habrá sentido mi amigo Carlitos Núñez, fiel hincha del Chago Morning, que esa noche en la previa del Show de Goles le preguntó al romperedes casi cómo ganándonos una apuesta.

Como sea, Paredes se transformó en el gran referente de los de Pedreros y cobraba de acuerdo a ese estatus. Estaba en eso cuando prescindieron de su presencia en el club. La idea era bajarle años al plantel, dijeron y lo descartaron de una forma muy poco feliz. Pero más allá de eso, frisar los 40 no parece ser obstáculo para el otrora Visogol. No mira el carné. Por eso parece ofendido, porque lo consideraron viejo. Hoy dice vivir el pago de Chile. Y entonces, exagera… el pago de Chile es el que han vivido otros. Lejos del fútbol y de sus abultadas cifras. El pago de Chile es el olvido y la total falta de retribución. Otra cosa. Pero Esteban de los goles, partió de cero y ahora es multimillonario; es querido por el pueblo y muy bien pagado por sus empleadores, todo perfectamente merecido. Y eso no es para decir que recibe el pago de Chile y ponerse al lado de Violeta Parra o Palmenia Pizarro, por ejemplo.

Entonces se apela al amor a la camiseta y al sentimiento. Y ahí yo le digo, entonces juegue gratis por el Chago en la B, porque se entiende que sigue no por plata sino amor al fútbol. Lo mismo aplica para el mago Valdivia y todos los cracks que vuelven a cumplir un sueño y se la llevan en carretilla. Parecen ignorar y ser inconscientes de la edad y de la pérdida de nivel competitivo. Piden como lactantes con hambre. Quieren cariño amateur pero salario de hiperprofesional. Vuelan cuando llega una buena oferta; y vuelven con las vacas flacas. Chicha y chancho. Y al margen de que no siempre se puede, ignoran que viven en un país en que a muchos ni con el pago de Chile les alcanza…


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