Estas somos nosotras


Por Vernisse Nielsen Artal

Estas somos nosotras: para quiénes no me conocen, me llamo Vernisse. Soy mujer, madre, hija, hermana, amiga y compañera. Ellas son mis hijas: Asyris y Amapola.

Por más que me hubiese encantado salir a mostrarles lo potente y emocionante del 8M en las calles, debido al contexto pandémico decidí ser precavida y cuidarnos en casita. Aun así, eso no le restó conmemoración al inicio de semana.

Con mi flaca conversamos largo y tendido sobre el significado de esta fecha. Nos estremecimos, reflexionamos, honramos y agradecimos a todas las mujeres valientes que han logrado desde sus distintas trincheras cambiar un poco la historia. Desde ir a la escuela en vez de casarse, andar en bici y usar pantalones en tiempos donde no se nos permitía realizarlo. (siendo estos los ejemplos más sencillos y cercanos para una niña de 8 años). Recordamos también que este día no debe ser solo un número en el calendario que pasa y se olvida, sin pena ni gloria, sino que por el contrario, debemos recordar que el feminismo y la lucha por igualdad de derechos es una bandera de todos los días. Es una forma de vida, y no es necesario ser adulta (como ella pensaba) para ser parte del feminismo.

Educar en feminismo no es adoctrinar, no es odiar al hombre; educar en feminismo es algo verdadero, liberador. Es no olvidar a tantas que lo dieron todo a pesar de la opresión de la que pudieron ser víctimas. Es reivindicar a todas aquellas que los libros de historia dejaron en el olvido.

Ser feminista esta allí, en las pequeñas grandes cosas que hacen la diferencia. Es defender a las amigas cuando las molestan o las quitan del juego por ser “niñas”. Es tener las cosas claras y sin pudor sobre nuestro cuerpo. Saber que vulva y vagina son distintas y que cada una tiene sus partes. Y que bajo ningún punto es “asquerosa”, como lo han hecho ver.

Y es que el feminismo también busca dejar de patologizar los procesos naturales y fisiológicos de la mujer.

– Estoy con mi menstruación. –

– ¡Ah! Estás enferma…-

El feminismo amorcito mío es, llegado su momento, llamar a la menstruación por su nombre. Vivirla sin esconderla ni sentirse avergonzada. No más “me llegó Andrés” o pasarnos toallitas como si fueran contrabando. El feminismo es tener claro que no nos volvemos “locas” una vez al mes. El feminismo es aceptar las diferentes formas de ser “femenina”, sin criticar o apuntar con el dedo; es saber que no existe un modelo de mujer ni niña “perfecta”.

Ya somos perfectas tal y como nos gesta el útero. Es saber que no importa si quiere usar el pelo corto o su compañero el pelo largo. Es saber que los colores y las profesiones no tienen sexo. El feminismo es saber que nacemos completos y que no somos medias naranjas de nadie. El feminismo reconoce a la pareja como un igual, como un compañerx que camina de la mano. El feminismo sabe que las familias (todos los tipos de familia) son cooperativas, donde los quehaceres se comparten a la par.

Y hay más: el feminismo busca potenciar tus aptitudes y hacerte entender que puedes tener independencia económica y no tener que esperar a un hombre proveedor. El feminismo es perseguir tus sueños con pasión y confianza, el feminismo -hija mía- es saber que nadie tiene derecho sobre ti, tus sentimientos y tu cuerpo.

Tu cuerpo es TÚ territorio y solo tú marcas sus pautas. Si en cualquier situación o contexto te sientes incomoda, tienes que saber que ahí NO es. El feminismo es no juzgar: si ves a algún niño llorar, no tiene por qué dejar de expresarse por miedo a verse débil ¡NO! Justamente, es por lo que se lucha, para que no tengamos miedos ¡Nunca más!

Buscamos poder jugar tranquilas sin que nos suban la falda para vernos los calzones. Queremos caminar piolita, sin escuchar o sentir las miradas lascivas de los viejos verdes. Buscamos salir y recorrer el mundo, sin el miedo de ser acosadas o asesinadas. Buscamos que se respeten los derechos de la madre tierra y que se haga justicia por todos los crímenes sobre ella. Buscamos la igualdad entre hombres y mujeres, sin idolatrar a ninguno.

No somos lo mas grandioso de la creación; somos bacanes, sí. Nuestro cuerpo es poderoso, peeeero, sabrás, también hay minas pencas, así como weones chantas. Claro, también existen chicos y chicas bacanas. Ufff, da para tanto esto.

Solo quiero decir: abajo el capitalismo, el patriarcado, la maternofobia, niñofobia y el adultocentrismo. ¡Todos venimos de un útero y todos fuimos niños alguna vez! Hoy nos vestimos con pañoleta morada y yo de verde, porque tenemos derecho a decidir. La lactancia y la maternidad deben ser deseadas o no ser.

Soy lactivista, pero comprendo que tal vez no todas las madres quieran dar teta. Como mujer y mami quiero y anhelo con todo mi ser que se elimine de raíz la violencia de género, económica, social y obstétrica. ¡Queremos partos respetuosos! ¡Porque la forma de nacer si importa! Necesitamos con urgencia que se cuide a la diada, cinco meses de permiso parental no son suficientes. Urgen medidas para contener y dar seguridad a la primera infancia, los niños son sagrados y merecen todo el apego y dedicación y las madres necesitamos poder criar en paz sin temer a perder nuestras fuentes de ingreso. Aquí vendría un #ExtensiónPostNataldeEmergencia.

En fin, las cosas serían muchísimo más hermosas si el mundo se tornase cada vez más cálido como el pecho de una madre que ama.

¡Deben saberlo! Estamos unidas, empoderadas y acuerpadas. Y no. No pariremos más esclavos!


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te teré es una onomatopeya​, una imitación lingüística del sonido con el que comienza Cariñito, el temón de Rosado/Los Hijos del Sol que tras servir de inspiración para alentar a un equipo y crear una revista, mutó hasta convertirse en una web que tiene casi el mismo fin. Es que ahora, además de ofrendar información sobre pelotas, dragones y lo qué sucede en los rincones de Iquique, incorpora sugerencias acerca de quienes podrían ayudarlo a hacer lo que tiene pensado hacer en la capital de la región de Tarapacá.





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