Samir fragmenta telares para visibilizar destrucción originaria

El iquiqueño que considera que las paredes pueden servir para recuperar espacios y entregar mensajes directos, está en plena competencia con otros muralistas del mundo para estampar una correlación de imágenes deformadas de los pueblos ancestrales de América Latina en Burdeos, Francia. Su manera de protestar por la destrucción de una herencia cultural que, a su juicio, solo sabe de recuerdos confusos o enseñanzas totalmente olvidadas.


Gonzalo Artal Hahn

A eso de los siete u ocho años Samir Guzmán Olivares agarró un lápiz grafito y, sin el consentimiento de nadie, se lanzó a rayar su pieza garabateando la imagen que vio en un muro. Una forma proyectada que, vaya a saber uno por qué, se mantuvo firme entre el cuero cabelludo y sus sienes.

Nadie lo retó ni le dio color. Y por lo mismo, nada lo frenó, pues de ahí en adelante el iquiqueño que hoy compite por plasmar sus ideas en una pared de Burdeos, Francia, nunca más dejó de experimentar en su búsqueda constante por perfeccionar los claroscuros con los que suele retratar lo que ve y lo que por diversas razones hemos dejado de percibir.

“Creo que siempre dibujé. No sé, cosas. El dibujo siempre estuvo presente. O al menos, la parte creativa, pues recuerdo que siempre andaba inventando manualidades. Me gustaba jugar con greda y, a los siete u ocho, me nació lo de pintar mi pieza después de vera niños haciendo lo mismo en la calle. Obviamente, sin saber lo que era un graffiti”, señala Samir, quien recuerda que la manía por colorear se acrecentó mientras cursaba la básica en el Liceo Luis Cruz Martínez.

“En ese tiempo era todo el ambiente como súper rap y hip hop. Y ahí partimos haciendo cosas en las murallas, ligándome con el ambiente del graffiti. Debió ser como en el 2003 o 2004. Y de ahí no he parado de pintar en las calles”.

-¿Cuáles fueron las primeras murallas aguachadas?

“En el barrio. Es que yo soy de la Plan Costero, abajo del estadio. Entonces ahí siempre nos llamaban la atención unos muritos de pandereta que no teníamos necesidad de pedírselos a nadie. Y la verdad es que los seguimos ocupando como muros de práctica. O sea, cada vez que quiero probar algo nuevo lo pruebo ahí mismo, lo que me permite volver constantemente al barrio. Ya no vivo ahí, pero mantengo amigos y familiares, por lo que siempre estoy ligado”.

– ¿Y de mecánica industrial ni hablar?

“No, estudié y saqué mecánica Industrial, pero si bien me gustaba, lo hacía bien y todo, era muy sacrificado. Y peligroso. Además, como sabía que tenía otras habilidades por el lado creativo, pensé en seguir algo ligado a eso y no meterme en lo tradicional. De hecho no iba a estudiar nada”.

-El abanico de posibilidades era y sigue siendo malito.

“Claro. En Iquique no hay ninguna carrera ligada a lo artístico, por lo que lo más cercano era arquitectura. Porque no hablemos de diseño, pues está mucho más vinculado a la publicidad”.

-¿Y qué pasó?

“Di la PSU, fui a la Unap y ni me pescaron. Entonces dije a la mierda, sigo en lo mío. Pero mis viejos que siempre apoyaron mis decisiones me dijeron que probara en Inacap, así que igual entré a diseño. A la vida, casi por descarte”.



Visibilizar la herencia

Samir admite que el cartón y el paso por la universidad del aprender haciendo le sirvió harto, aunque mantenga que lo cursado no tiene nada que ver con vetas artísticas. “Insisto en que es más publicitario que nada, pero esa carrera me ayudo a manejar y desarrollar mejor el área de comunicación, que si es súper importante en mi trabajo. Así que estuvo bueno y no me arrepiento”.

-¡Y vuelta a la calle!

“Jajaja. Claro, entre medio nunca paré de pintar. Entonces a medida que vas progresando junto a los amigos en la calle, a los que conoces en otras ciudades, tu trabajo va evolucionando”.

-¿Cómo llegan a saber de ti en otras latitudes?

“Las redes que te contaba sirven y las redes sociales también, pues te permiten ir mostrando tus cosas hacia afuera. Y así fue como en el 2009 nos invitaron a todo un grupo de amigos a pintar a Concepción. Y la invitación se repitió el 2010 y el 2011”.

-Buena.

“Y así, hasta que me invitaron a Bolivia y empecé a salir a encuentros internacionales, a bienales de arte, donde además llevaba mis trabajos digitales como ilustrador, los que también salían al exterior. Una mezcla rara del mundo artístico y el arte gráfico que me benefició un montón sin que yo esperara mucho a cambio”.

-¿Y ahora? ¿Por qué seguir atacando muros en blanco?

“Mira, la primera necesidad es sacar lo que uno siente dentro y no importa donde, porque puede ser en un bastidor o en cualquier formato, pero pienso que al tener la habilidad en este trabajo, que al principio hacía como hobbie, es no dejar de experimentar, pero siendo consciente de que en esa evolución debe plasmarse un contenido social. Porque un muro que está en la calle, una intervención de un espacio público, puede servir tanto para recuperar espacios como para entregar un mensaje fuerte y claro. La idea es hacer reflexionar”.

-¿Y el contenido es similar? ¿Tienes un patrón?

“El contenido varía dependiendo de donde estoy. Si es en el sur, la temática podría ser mapuche, recuperación de fauna o tierras, pero sabes, ahora la integración de mis murales los veo como telares andinos fragmentados, con colores que son muy desérticos, con colores como los cerros muy pasteles o definitivamente súper intensos como los mismos colores de los telares”.

-¿Y la fragmentación? ¿Por?

“El concepto de telares fragmentados es como una muestra de lo que nos ha pasado acá a nosotros mismos en el norte, que nos han destruido toda nuestra herencia cultural originaria. Y es eso mismo es lo que trato de rescatar en mi pintura. Y es por eso que se ven así como deformados, lleno de elementos con líneas verticales y horizontes. En definitiva, conlleva una propuesta algo oculta quizás y que busca o trata de que el norte salga hacia afuera”.



En Chartrons o dónde sea

Legado poco claro es justamente el nombre de la pieza gráfica con la que Samir opta por llevarse uno de los tres premios que otorga el concurso de arte callejero de Burdeos, Francia.

Una correlación de imágenes de los pueblos ancestrales de América Latina y su relación mágica con la pachamama y el Tata Inti donde, por cierto, hay espacio para la enigmática trilogía andina: el cóndor, el puma y la serpiente.

“Las generaciones futuras fragmentadas representan estas enseñanzas como recuerdos confusos o totalmente olvidados de los que te comentaba”, dice Samir, quien junto a otros treinta y cinco exponentes de todo el mundo aspiran a quedarse con esta nueva edición denominada #Actfortheplanet – ¿Cómo actuar para salvar el planeta y preservar nuestras futuras generaciones?

-¿Las expectativas?

“Pucha, yo entregué la propuesta y de ahí que pase lo que tenga que pasar. Igual el trabajo de nueve metros por tres de alto lleva incluido un mensaje de protesta que he buscado meterle a mis murales, pues es un telar roto de las culturas que ellos mismos nos quitaron. Entonces les llevo eso para salvar una pared con lo que ellos mismos nos quitaron”.

-Ejalé. Yo voté ah. Y vi otro trabajo de Chile.

“Sí, está Anis 88, una amiga de Valparaíso cuyo trabajo es súper bueno, por lo que es candidata siempre. Además que es súper conocida. Y bueno, dentro del concurso hay otros artistas de otros países que conozco harto, como otra amiga de Francia que también es ultra reconocida y de seguro va a tener más apoyo en redes, pero esa no es la única opción de ganar. Es que además del premio del usuario de internet, está el premio del jurado y otro premio del visitante”.

-A esperar no más.

“Sí, confío en mi trabajo. Gane o no, sé que tiene un contenido que no va a quedar en el olvido. Quizá no va a estar ahí, en la pared del distrito de Chartrons, pero de seguro va a ser replicado en otro lado. Bajo ningún punto de vista es una pérdida. De hecho, el estar exponiendo en Francia. El hecho de haber salido del barrio a Europa y estar exhibiendo en un museo, es súper loco y satisfactorio”.



Su buen intérprete

Guzmán no domina los nombres de los edificios a los que les tiene echado el ojo. Muros a gran escala que suelen ser los lomos con pocas ventanas y desabridas manos de los departamentos cercanos al Terminal Agropecuario o los que están atrás del ex -y a veces ni tan ex- estadio Cavancha.

Aunque claro, las manitas le pican cuando visualiza el paño abierto y las posibilidades del muro gigante que está en El Morro, frente al edificio consistorial. Ese que se pelean guajaches, yecos, gaviotines y huairavos.

-¿Hay poco espacio en Iquique?

“No, pasa que la gente no se anima. Les da como miedo. El año pasado estuve en Valparaíso y allá te regalan los muros porque saben que más allá de hermosear el espacio le das cierto valor a la vivienda. Le das un plus, ¿cachai? Una mejora de espacio, pero en Iquique como que no ven eso. Prefieren que les rayen o que les meen los muros”.

-Jajajaj. Esa onda.

“Si es verdad poh. Un mural bien hechito, no rayas, es respetado por la gente. Lo he conversado con mucha gente y a veces es hasta necesario. Hay que recuperar los espacios y una buena alternativa es un buen mural en el que se podamos interpretar la sociedad”.

-¿Faltará gestión también?

“Puede ser. Y reconocimiento también, porque el arte es súper reconocido afuera, pero en Chile es muy, no sé. No te pescan. Y más encima te tiran pa’ abajo. No te creen hasta que ya lo lograste. Malísima. Hay que tomar conciencia por el trabajo, pero filo. Yo vivo el momento no más. Voy donde me lleve el viento”.

-Pero vive de esto pueh.

“Si poh. Vivo cien por ciento de la pintura. Se puede, cuesta, tiene altos y bajos pero se puede. En definitiva vivo contento, aunque insisto en eso de darle más valor a las cosas que nacen desde adentro. Como una pintura. Más que consumir tantas cosas que son pasajeras. O salir el fin de semana y tomarse un copetito es genial, pero puta, esas mismas lucas las puedo invertir y poner en mi living para tener una expresión original. Me gustaría que apoyaran mucho más el arte hecho a mano”.



Bonus Art

Si agudizan el ojo y enfocan los trazos de Samir, podrán percibir que lo suyo es el claro oscuro, donde nunca, pero nunca, faltará el azul oscuro o azul ultra mar.

Bueno, eso lo supe porque me lo contó, así como también confesó que en su búsqueda por perfeccionar las sombras y los espacios donde si llega la luz, jamás verán tonos negros ni blancos.

-¡Pues no son colores!

“Claro, el negro es ausencia de luz y el blanco es presencia de todos los colores, pero más que nada lo hago porque en la naturaleza no existe el blanco. El sol es amarillo y te da ese tipo de tonalidades. Y como busco esa naturalidad, no están ni estarán”.


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te teré es una onomatopeya​, una imitación lingüística del sonido con el que comienza Cariñito, el temón de Rosado/Los Hijos del Sol que tras servir de inspiración para alentar a un equipo y crear una revista, mutó hasta convertirse en una web que tiene casi el mismo fin. Es que ahora, además de ofrendar información sobre pelotas, dragones y lo qué sucede en los rincones de Iquique, incorpora sugerencias acerca de quienes podrían ayudarlo a hacer lo que tiene pensado hacer en la capital de la región de Tarapacá.





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