Mi sueño robado


Por Rebeca Chocobar Veneros

Un día desperté, y encontré un sueño en mi mochila. Bien amononado y arregladito, sin ninguna advertencia ni previo aviso, alguien habrá decidido guardarlo ahí. Tal vez por equivocación o, quizás, era algo meramente temporal, pero se les olvidó volver a buscarlo. En cualquier caso, ahí estaba, y no podía causarme más confusión tener en mi mochila un sueño que no era mío.

Salí, entonces, a la calle, con la intención de encontrar a su dueño. Si hay algo que valoro es la honradez y, pues, no fuera a ser yo quien faltara a este valor apropiándome de algo que no me perteneciera. Con esa convicción, a pesar de que inicialmente tuviera un par de cosas que hacer durante el día, continué mi jornada con la esperanza de encontrar al propietario cuanto antes.

Me cayó la noche como piedra en la cabeza, dediqué todo el día a mi búsqueda incansable para poder liberarme de esta enorme carga moral, pero sin éxito. Es probable que haya consultado a todo el sector de mi ciudad (e incluso, haber doble-consultado a unos cuantos, porque estuve todo el día y era difícil llevar un seguimiento de cada rostro al que me dirigía), pero nadie asumió la responsabilidad por este sueño.

Igualmente, debería confesar que un pequeño sentimiento de vanidad u orgullo comenzó a crecer en mí. Me excusaré con el pretexto de que fue, en mayor parte, culpa de las personas con las que hablé, pues cómo uno va a seguir ignorando el porte de un sueño si cada vez que lo mostraba para preguntar, todos decían “¡Qué precioso sueño!” con cara de haber ganado la lotería.

Así que admito que me dejé llevar y decidí quedármelo. Al final, nadie realmente podía determinar si era originalmente mío o no. A menos que yo se los aclarara. Y a veces se hacía realmente conveniente, pues hay instancias en las que cae bien un sueño ostentoso e interesante. La gente se vuelve loca halagándote y, en ese momento, no pasaría por la cabeza de nadie la duda de si ese sueño es tuyo o no. Lo más probable, eso sí, es que estén pensando en todas las utilidades y ventajas que tiene conocer a alguien como tú, y que al final, da lo mismo si sea robado, regalado o heredado, mientras puedan alardear.

Sin embargo, cabe destacar lo pesado que se puso todo con el paso del tiempo. Fue como si cada halago, cada comentario lo hubiera ido agrandando más. Y el sueño hubiera alimentado un ego de su propiedad.

Algunos días sentía que la angustia y el sobre esfuerzo de cargar con este sueño en crecimiento me desgarraban por dentro y me separaban en infinitos pedazos. A veces, tenía la sensación de que escapaba de mi control. Pero, sabía (o me hacía creer) que al final todo valdría la pena, porque los sueños no viven para siempre. Y el día que éste llegara a su fin, yo podría disfrutar de todo lo obtenido.

Era reconfortante pensarlo así, pero antes de que me diera cuenta, el sueño había cobrado forma propia y se parecía a mí. Todo este tiempo, toda la relevancia que otros le dieron y que yo le permití tomar, le dieron vida propia.

Y en mi total devastación, yo ya no me podía levantar en las mañanas. El sueño era quien madrugaba durante la semana, era él quien cumplía con mi familia, con el trabajo, con los amigos, y el muy maldito aún tenía tiempo de ir a elevar aún más su ego en el tiempo que le sobraba.

Sí, se adueñó totalmente de mi vida. Y tenía mucho más poder que yo. ¿Quién o qué era yo sin un sueño realmente? Mi sueño robado era todo lo que había sido hasta hoy, que ya no soy yo, sino que él es su propia persona.

Me di cuenta muy tarde que ese sueño se desprendió de mí, ya que sencillamente no era mío. No había nada que nos uniera ni razón para que él siguiera mi voluntad. No me pertenecía, y las alas que creí que nos habían dado a ambos, en realidad, solo el pudo usarlas para volar. Y yo me quedé atrás.

Pero en un instante de lucidez o, tal vez, uno en el que el desespero estrujaba más fuerte mi conciencia, decidí tomar las riendas de mi vida de nuevo. Empecé a planear mi ataque y yo sé que lo vio venir, porque comenzó a fallar en todo lo que se proponía: a faltar a reuniones familiares y a perder el poder que lo caracterizaba.

Recuerdo cálidamente el buen día en el que se me dio la oportunidad. El sueño venía de vuelta. Era un miércoles y comenzaba a desvestirse para dormir. Y lo tomé por sorpresa, lo tiré contra el piso y lo estrangulé. Ya ni siquiera temía por el dinero, el poder o la admiración que había conseguido a costa de él; lo único que me motivaba era el deseo de volver a vivir.

Y luego de que mi triste pero necesaria misión fue consumada, encontré que el desgraciado guardaba en su bolsillo algo que había olvidado; mi propio sueño. Me enterneció su diminuto tamaño. Sin embargo, pensé, el otro sueño también se vio así cuando lo encontré.

Supuse que era tiempo de empezar otra vez.


*La BK es estudiante de III° medio en el Antofagasta British School. Forma parte del club de Periodismo escolar y aspira a estudiar Psicología.


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te teré es una onomatopeya​, una imitación lingüística del sonido con el que comienza Cariñito, el temón de Rosado/Los Hijos del Sol que tras servir de inspiración para alentar a un equipo y crear una revista, mutó hasta convertirse en una web que tiene casi el mismo fin. Es que ahora, además de ofrendar información sobre pelotas, dragones y lo qué sucede en los rincones de Iquique, incorpora sugerencias acerca de quienes podrían ayudarlo a hacer lo que tiene pensado hacer en la capital de la región de Tarapacá.





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